El alcohol me debe de sentar definitivamente mal, al contrario que la música. Aunque el alcohol me ayuda a sentir la música de otra manera, así que igual no me sienta tan mal. La música por otro lado me llega a excitar tanto que tras muchos saltos y bailoteos, el poco atractivo sexual que pueda tener se estampa con el típico ”mejor date una ducha, chaval” que toda mujer lleva tatuado en la frente cuando me ve en la pista. Y es que las mujeres me fascinan. Ni sudan, ni cagan, ni se tiran pedos, y ahora que lo pienso, tampoco pasan frío en las piernas.
Así pues, no me queda otra que confirmar que el alcohol me sienta muy mal. Sin embargo aquí estoy, vaciándome una botella de Brugal en sucesivos vasos de whisky, con música de fondo, pero nadie con quién bailar. Eso de no tener con quién bailar, aunque sea en la distancia, me pone triste. Y mi pena viene de saber que, si no frío, algo pasa por esas largas y esbeltas piernas de mujer que no se mueven conmigo.

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